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Cómo trabajar la variación lingüística del español en el aula: Do’s & Don’ts

Imagina esto: un estudiante que ha aprendido español durante años en la escuela secundaria llega a la universidad y, de repente, siente que no sabe nada.

“¡No entiendo los acentos!”

“¿Qué significa vertedero?”

“‘¿Por qué no logro entender a mis amigos/as?”

Este problema no es aislado. Hasta la fecha de publicación de este artículo, según el Instituto Cervantes, más de 24 millones de personas estudian español como lengua extranjera. Sin embargo, muchos abandonan el aprendizaje al llegar a la educación superior, enfrentándose a vacíos lingüísticos enormes cuando intentan retomarlo.

Pero, ¿por qué algunos estudiantes abandonan el español y sienten que empiezan de cero, mientras otros logran perfeccionarlo?

La respuesta está en la falta de exposición a la variación lingüística auténtico. Muchos estudiantes aprenden un español estandarizado, desconectado del uso auténtico, lo que genera una gran barrera de frustración y desconocimiento cuando intentan comunicarse en contextos reales.

Entonces, ¿cómo preparar a los alumnos para un idioma tan diverso sin abrumarlos ni desmotivarlos? En este blog, aprenderemos cómo enseñar la variación lingüística en el aula, así como lo que se debe y lo que no se debe hacer al aplicarlo en la enseñanza.

 ¿Qué es la variación lingüística y por qué es clave en ELE?

El español es una lengua hablada por más de 500 millones de personas en más de 20 países, con múltiples acentos, vocabularios y estructuras gramaticales. Esta diversidad es conocida como variación lingüística, un fenómeno natural que refleja la riqueza cultural y geográfica de la lengua. Sin embargo, muchos programas de ELE aún priorizan un español “neutro” o peninsular, dejando de lado la realidad del idioma en su uso cotidiano.

Cuando los estudiantes solo se exponen a una variante limitada del español, enfrentan dificultades al interactuar con hablantes de diferentes países. Esto no solo afecta su comprensión auditiva, sino también su confianza al hablar.

Algunos de los desafíos comunes para los profesores de ELE son:

  • Los desafíos de la diversidad dialectal: ¿Cómo enseñar un español global sin saturar a los estudiantes con demasiada información?
  • Prejuicios lingüísticos: Algunos alumnos llegan con la idea de que ciertos acentos o expresiones son “incorrectos” o “menos válidos”.
  • Materiales didácticos limitados: Muchos libros de texto no incluyen ejemplos de español hablado en diferentes regiones.
  • Vacíos en el aprendizaje: Estudiantes que abandonan el español en la universidad y luego se enfrentan a un desfase cuando intentan retomarlo.

¿Hablas español o hablas españoles?

Si un estudiante de ELE viaja a México y alguien le dice “¿Me pasas el popote?”, es posible que no entienda que le están pidiendo una pajilla o sorbete. Si luego visita Argentina y escucha “¡Qué quilombo!”, tampoco sabrá que significa “lío” o “desorden”. Ahora, imagina que este mismo estudiante ha aprendido español en un aula donde solo se le enseñó un español neutro o peninsular. ¿Cómo enfrentará estas diferencias en la vida real?

El español es una lengua pluricéntrica, es decir, no tiene una única forma estándar, sino múltiples variantes según la región.. En España, un “ordenador” es un computador; en México, “rentar” significa alquilar, pero en Argentina significa “producir ganancias”; y en el Caribe, se comen “guineos”, mientras que en otros países son plátanos o bananas.

Si entre los mismos hablantes nativos del español tienen dificultades para entenderse, ¿cómo enseñar la diversidad plurilingüística de esta lengua en el aula?

Los Beneficios de integrar la variación lingüística en ELE

Cuando se implementa la variación linguistica en el aula, tanto los estudiantes como el profesor se benefician de:

  • Mejor comprensión auditiva: Exponer a los estudiantes a diferentes acentos y expresiones les ayuda a entender mejor el idioma en situaciones reales.
  • Mayor apertura cultural: Enseñar la diversidad del español no solo mejora la comunicación, sino que también promueve la tolerancia y la curiosidad por otras culturas.
  • Evitar frustraciones y abandonos: Un estudiante que reconoce las variaciones lingüísticas desde el inicio del aprendizaje tendrá más herramientas para seguir avanzando en el idioma sin sentirse perdido.

Integrar la variación lingüística en la enseñanza del español no solo es una ventaja, sino una necesidad. Los profesores de ELE tienen la oportunidad de preparar a sus estudiantes para un español global, dinámico y auténtico.

Lo que se debe hacer: Estrategias efectivas

Incluir muestras auténticas: Por ejemplo, en un ejercicio de comprensión auditiva, en lugar de usar solo grabaciones con acento peninsular, se pueden incluir entrevistas a hablantes de Argentina, Colombia y República Dominicana. ¿El resultado? Los estudiantes aprenden a identificar diferencias en pronunciación y entonación sin necesidad de memorizar listas de reglas
Promover la conciencia lingüística: En clase, se puede comparar cómo un joven mexicano diría “¿Qué onda?” y cómo un correo formal comenzaría con “Estimado señor/a”. O analizar cómo un hablante de España usaría “vale” mientras que en otros países se dice “de acuerdo”. En lugar de imponer una forma sobre otra, se les enseña a elegir la más adecuada según la situación
Fomentar la reflexión intercultural: Por ejemplo, ¿por qué algunos acentos son más representados en los medios de comunicación? ¿Qué impacto tiene eso en la percepción del idioma?
Incorporar actividades dinámicas:  Un ejercicio práctico es dividir la clase en grupos y asignarles distintos países hispanohablantes. Cada grupo debe investigar modismos, expresiones y costumbres lingüísticas de su país asignado y luego representarlas en un sketch. De esta forma, los estudiantes no solo aprenden sobre la diversidad del español, sino que también lo experimentan de manera divertida y memorable.

Lo que no se debe hacer: Errores a evitar

Imponer una variante como “la correcta”: Decirle a los estudiantes que solo hay una forma válida de decir algo puede desmotivar su aprendizaje y limitar su competencia comunicativa. Un ejemplo clásico es el término carro/coche/auto: si un estudiante aprende que “coche” es la única opción válida, es probable que tenga problemas para entender a un hablante latinoamericano que usa “carro” o “auto”.

Usar solo materiales estándar: Si los estudiantes solo escuchan y leen este tipo de español, se sentirán perdidos cuando interactúen con hablantes reales. Un error común es usar únicamente diálogos como “Hola, ¿cómo estás?”, cuando en la realidad también existen saludos como “¿Habláme?”, “¿Cómo andás?”, o “¿Qué hubo?”.

Evitar la variación por miedo a la confusión: Algunos profesores temen que exponer a los estudiantes a diferentes variantes los confunda. Sin embargo, cuando se enseña con una estrategia clara, la variación lingüística se convierte en una ventaja. Un buen enfoque es introducir gradualmente las diferencias en contexto. Por ejemplo, al enseñar el verbo “conducir”, se puede explicar que en España se dice “conducir un coche”, mientras que en Colombia es más común decir “manejar un carro”.

No contextualizar las diferencias: Mostrar listas de palabras con equivalencias regionales sin explicar cómo se usan en la vida real no es suficiente. Un estudiante puede aprender que en Argentina “vos” reemplaza “tú”, pero si no entiende cómo cambia la conjugación verbal, seguirá sin poder usarlo correctamente (“vos tenés”, en lugar de “tú tienes”).

¿Listo/a para implementar la variación lingüística en el aula?

Un enfoque que exponga a los estudiantes a diferentes formas del idioma, los haga reflexionar sobre su uso y los prepare para comunicarse con hablantes reales es clave para evitar frustraciones y fomentar un aprendizaje significativo. Al final del día, el objetivo no es solo que los estudiantes hablen español, sino que puedan entender y adaptarse a los distintos españoles que existen en el mundo.

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